Una pieza cae y pone otra en movimiento. Después otra. Y otra. Un engranaje empuja a otro, un tubo rueda, una rueda comienza a avanzar… y así durante dos minutos en los que no puedes apartar la vista de la pantalla.

No hay coches recorriendo carreteras imposibles ni curvas perfectas con paisajes espectaculares. De hecho, el Honda Accord no aparece completo hasta el final. Lo único que vemos son sus piezas desmontadas, conectadas en una enorme reacción en cadena que parece que va a fallar en cualquier momento.

Y precisamente por eso funciona tan bien.

Ficha del spot

Marca: Honda
Producto: Honda Accord
Título: Cog
Año: 2003
Agencia: Wieden+Kennedy London
Director: Antoine Bardou-Jacquet
Producción: Partizan Midi-Minuit
Director de fotografía: David Ungaro
Montaje: Bill Smedley – The Quarry
VFX y postproducción: The Mill
Sonido: Wave Studios
Música: Rapper’s Delight – The Sugarhill Gang
Duración: 120 segundos

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La idea

La propuesta era aparentemente sencilla: desmontar un Honda Accord y utilizar sus piezas para crear una reacción en cadena al estilo de una máquina de Rube Goldberg.

Cada elemento activa el siguiente con una precisión milimétrica. Una pieza rueda, golpea otra, libera un mecanismo y hace avanzar toda la secuencia hasta llegar al coche terminado. No hace falta explicar su ingeniería ni mostrar esquemas técnicos. El propio funcionamiento de las piezas transmite la idea de precisión.

Y lo hace de una manera mucho más entretenida que cualquier demostración convencional.

Durante casi todo el anuncio no vemos el coche entero, pero llevamos dos minutos mirándole las tripas. Honda trata cada tornillo y cada muelle, vamos, cada pieza, como si fuera el actor principal.

Lo potente

Para mí, lo mejor de Cog es la tensión que consigue generar con algo tan sencillo.

Sabes que la cadena está preparada y que todo debería salir bien, pero cada movimiento parece estar a punto de fallar. Una rueda puede desviarse o una pieza puede no caer donde debe. Estás esperando el error, pero todo sigue avanzando.

También resulta muy inteligente la forma de enseñar el producto. Honda no te dice que el Accord está bien construido ni insiste en la precisión de su ingeniería. Te deja verlo. Cada pieza cumple su función y encaja con la siguiente hasta formar un sistema completo.

El mensaje final, “¿No es agradable cuando las cosas simplemente funcionan?”, pone palabras a lo que acabamos de ver sin necesidad de explicar nada más.

Lo chulo

Lo más sorprendente es que la reacción se construyó con piezas reales del Honda Accord. La secuencia se rodó en tiempo real y el resultado final une dos largas tomas, pero la cadena no fue creada mediante CGI. ¿No me crees?, pues aquí tienes también el video del making-of.

Detrás de esos dos minutos hubo meses de preparación, pruebas y ajustes para conseguir que cada elemento se moviera exactamente como estaba previsto. Incluso las ruedas que parecen subir una rampa de manera antinatural, tenían pesos colocados en su interior para provocar el desplazamiento.

Mi momento favorito es cuando los limpiaparabrisas avanzan solos por el suelo, casi como si fueran pequeños insectos mecánicos. Es una escena breve, un poco absurda y totalmente inesperada dentro de una coreografía calculada al milímetro.

Y luego está el sonido. Los golpes, roces, giros y pequeños chasquidos de las piezas marcan el ritmo durante casi todo el anuncio. Solo al final entra Rapper’s Delight, justo cuando aparece el Accord terminado y todo cobra sentido.

Después de verlo por primera vez, lo normal es volver al principio. No porque no lo hayas entendido, sino porque quieres descubrir cómo demonios han conseguido hacerlo.

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