Hay anuncios de perfumes que parecen seguir siempre las mismas y aburridas reglas: gente guapísima, miradas intensas, cámara lenta y escenarios imposibles.

Y luego está este.

Margaret Qualley está sentada en una cena bastante elegante y, por su cara, bastante aburrida. Sale de la sala y, en cuanto se queda sola, empieza a pasar algo raro. Primero una mueca, luego un movimiento extraño… y de repente se desata por completo la locura.

Corre, salta, da patadas, se retuerce, dispara rayos con los dedos y acaba atravesando un enorme ojo hecho de flores. Si, si… como lo lees.

Todo esto, por supuesto, para vender un perfume.

Ficha del spot

Marca: Kenzo
Producto: Kenzo World
Spot: My Mutant Brain
Año: 2016
Agencia: Framework
Director: Spike Jonze
Protagonista: Margaret Qualley
Coreografía: Ryan Heffington
Música: Sam Spiegel & Ape Drums feat. Assassin – Mutant Brain

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La idea

Kenzo podría haber hecho otro «típico» anuncio de perfume bonito, elegante, sensual y perfectamente previsible.

Pero hicieron justo lo contrario.

La protagonista empieza atrapada en un ambiente serio y contenido y, en cuanto sale de allí, libera una versión completamente descontrolada de sí misma.

No te cuentan cómo huele el perfume. Te cuentan cómo quieren que te haga sentir.

Lo potente

Para mí, lo mejor es que durante buena parte del anuncio casi te olvidas de que estás viendo publicidad.

No hay poses perfectas ni sensualidad forzada. Margaret Qualley se suelta por completo y consigue que una coreografía muy elaborada y ensayada parezca espontánea, rara y casi imprevisible.

También ayuda muchísimo la música. Mutant Brain encaja de maravilla con cada gesto, cada golpe y cada cambio de ritmo, hasta el punto de que canción y coreografía funcionan casi en simbiosis, como si fueran una sola cosa.

Y quizá ahí esté la clave: no se parece en nada a lo que esperas de un anuncio de perfume.

Lo chulo

Mi momento favorito es cuando empieza a disparar rayos con los dedos. A esas alturas el anuncio ya ha dejado completamente atrás cualquier lógica y todavía se guarda un final espectacular: atravesar a cámara lenta un ojo gigante hecho de flores.

Es raro, exagerado y un poco absurdo, pero está tan bien hecho que funciona.

No sé si después de verlo sabes a qué huele Kenzo World, pero seguro que te acuerdas del anuncio.

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