Un chico mira detenidamente su viejo coche y, de repente, empieza a destrozarlo. Lo estrella contra una pared, le da martillazos, lo suelda, lo aplasta… incluso consigue que un elefante se siente encima. Durante buena parte del anuncio no tienes muy claro qué demonios está haciendo.

Hasta que, casi al final, aparece la pista que faltaba: una hoja de una revista con la foto de un Peugeot 206. Y entonces lo entiendes todo. No estaba destrozando su coche.

Estaba intentando fabricarse el suyo.

Ficha del spot

Marca: Peugeot
Producto: Peugeot 206
Spot: The Sculptor
Año: 2002
Agencia: Euro RSCG Milan
Director: Matthijs van Heijningen Jr.
Producción: Bandits Paris
Creativos: Giovanni Porro y Roberto Greco
Director de fotografía: Joost van Gelder
Música: Bald ’n’ Spikey – Husan
Rodaje: Jaipur, Rajasthan, India

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La idea

Peugeot quería reforzar la personalidad del 206 y convertirlo en un coche deseable, reconocible y con mucho carácter. La campaña giraba alrededor del concepto “Enfant Terrible”: si querías un 206, lo querías de verdad.

Y el spot lleva esa idea al extremo: alguien quiere uno tanto que, como no puede tenerlo, decide fabricarse el suyo. Pero el anuncio se guarda esa explicación casi hasta el final.

Primero solo ves a un tipo haciendo auténticas barbaridades con su coche. Lo golpea, lo aplasta y lo va moldeando sin que tengas muy claro qué pretende conseguir. Cuando aparece la foto del Peugeot 206 en la hoja de la revista, todo encaja de golpe.

Lo potente

Para mí, lo mejor está precisamente ahí: no te cuentan desde el principio qué está pasando. Te dejan mirar, preguntarte qué hace y seguir la transformación hasta que aparece el Peugeot original y puedes comparar.

El coche que ha creado se parece al 206… bueno, más o menos. Pero él está convencidísimo. Y eso hace que la idea funcione mucho mejor que si desde el primer segundo te hubieran explicado que estaba intentando copiarlo.

Lo chulo

Mi parte favorita es todo el proceso de transformación, porque cada vez que piensas que ya no puede hacerle nada peor al coche, encuentra una nueva manera de seguir “esculpiéndolo”. Y lo del elefante ya es directamente maravilloso.

Pero la guinda está al final, cuando aparece orgulloso con sus amigos al volante de su supuesto Peugeot 206, pavoneándose, como si lo acabase de sacar del concesionario.

La copia y el original se parecen… bueno, todo lo que tu imaginación quiera que se parezcan. Pero eso da igual.

Para él, ha quedado perfecto.

The Sculptor.

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